Todo está decidido. No hay vuelta atrás. Mi mundo se ha terminado. Empezando por los que creo ya que son emasiados problemas incrustamos a la imaginación el trabado que supone la posible muerte de un ser querido. Ver como ha estado al borde del abismo y continúa cerca de ese pozo negro dónde quisiera ser yo quien estubiera ya que sufrimiento no tengo alguno. No para de rondarme la cabeza, la idea de que al fin venga mi óbito. No sé po que la vida me trata mal sin ser yo persona de mal menester. Sepa mi buen lector, que por mis desquicios pícaro, como los del siglo diecisiete, me acabaré volviendo. También veo como el amor pasa por delante mía, me acaricia y se ríe de mí para alejarse, a paso lento, mientras atado a esta silla de soledad estoy como si fuera un perro. Y perro soy. Mis ladridos se escuchan en lo más profundo y lóbrego de la noche, por que este dolor no puedo sopotarlo más y mi pecho va a explotar. Mi alma es un vertedero donde se arrojan todos los males y los defectos. Un nido soy. Un nido donde nace la impaciencia por acabar con esto que se llama vida, un nido de donde cada día proviene un nuevo tipo de tristeza, una más dolorosa. otra menos; de donde parte el comienzo a una nueva era, cada vez que medio se arreglan las cosas, para volver a caer en picado... para volver a desmoronarse mi alma, como si de una triste cerilla que se consume lentamente, poquito a poco.. Siento como la locura se apodera de mí,, mis pensamientos, mis sentimientos, entre los que puedo observar que me predominan el amor, la tristeza y la pena... que prefiero morir antes que seguir... que prefiero saltar al otro mundo antes que precipitarme sobre ese oscuro mar de mi subsistencia, en este mundo en el que sobrevivo gracias a muchas cosas... Cosas que me quitan la vida y me la dan... Como cuando te dan un pedazo de pan cuando sobra el alimento y te lo quitan cuando la hambruna reina. No creo que salga de esta, por que la pesadumbre se adjudica mi universo, del que ya no soy dueño.